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El sistema linfático, aunque independiente, forma parte del sistema circulatorio. Está compuesto por los vasos linfáticos, los ganglios, órganos linfáticos como el bazo y el timo, tejidos linfáticos como las amígdalas, adenoides y médula ósea, y la linfa.

Los capilares linfáticos nacen en el espacio intersticial celular y recogen el exceso de líquidos y los deshechos del metabolismo celular y partículas (proteínas y restos de células) que son demasiado grandes para ser transportadas por los capilares sanguíneos.

El sentido de la circulación linfática es unidireccional, hacia el corazón para incorporarlos al sistema sanguíneo para su eliminación. A diferencia del sistema circulatorio sanguíneo, el linfático no posee una bomba que impulse el fluido, por lo que fluye gracias a su propia estructura, el pulso de las arterias adyacentes, movimientos y contracciones musculares y las diferencias de presión que origina la respiración pulmonar.

Además de la de transporte, una de las funciones más importantes del sistema linfático es su participación en el desarrollo y mantenimiento del sistema inmunológico del cuerpo, a través de los órganos y tejidos linfoides, y de los ganglios, de ahí la importancia de mantenerlo en las mejores condiciones de funcionamiento posibles.

 

La Técnica de Drenaje Linfático Manual fue desarrollado como tal por el Dr. Emil Vooder en 1932, aunque después han ido desarrollando y ampliando la técnica diferentes escuelas entre las que cabe destacar la alemana del Dr. Földi.

El drenaje linfático utiliza una serie de maniobras manuales que actúan sobre el sistema linfático con el objetivo de facilitar el transporte de la linfa desde los espacios intersticiales en los que se encuentre retenida hasta el torrente sanguíneo.

El drenaje linfático ayuda de forma manual a movilizar los fluidos en los casos que el propio sistema linfático no puede ya que carece de una bomba impulsora. El objetivo del drenaje linfático manual es mejorar la circulación del sistema linfático evitando la acumulación de sustancias de desecho.

Los efectos del drenaje son casi instantáneos, actúa sobre la circulación venosa de retorno, aumenta la diuresis debido a la gran reabsorción de líquido que produce, aumenta el flujo linfático tanto superficial como profundo, produce un efecto relajante y sedante al descomprimir las estructuras drenadas.

Dependiendo de si existe un diagnóstico médico o no, la sesión se desarrollará de forma diferente:

  • Con un diagnóstico médico, se realizará una sesión específica para resolver el problema diagnosticado.
  • Sin diagnóstico médico. Realizaremos una valoración exhaustiva del problema y realizaremos el trabajo específico adecuado para su resolución.

La duración de cada sesión varía entre 45 y 60 minutos.

Un drenaje general preventivo se trabaja todo el cuerpo, debido a la fisionomía del sistema linfático, se comienza primero en el cuello y las fosas supraclaviculares, lugar donde el sistema linfático se une al sanguíneo, para favorecer al máximo el drenaje, a continuación se continúa por los brazos, tórax, abdomen, muslos, piernas y pie. También se puede trabajar una zona específica del cuerpo como piernas, brazos, abdomen...

En general todos aquellos que por cualquier motivo provocan un edema linfático.

Edemas locales posteriores a intervenciones quirúrgicas, traumatismos

  • Linfedemas del brazo o pierna por extirpación de ganglios axilares o inguinales.
  • Después de cirugías tales como cesáreas, vasculares, estéticas...
  • Hematomas
  • Migrañas, vértigos y cefaleas.
  • Rotura de fibras musculares
  • Síndrome de Meniére

Trastornos vasculares periféricos

  • Linfedema o edema primario
  • Edema venoso postural
  • Edema post-trombosis
  • Edema venoso en las piernas durante el embarazo

Trastornos del sistema músculo-esquelético

  • Bursitis
  • Tendinitis
  • Esguinces
  • Artrosis

Trastornos digestivos

  • Estreñimiento
  • Flatulencia
  • Meteorismo