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Nuestro organismo es un conjunto de sistemas increíblemente bien diseñado que es capaz de solucionar por sí mismo muchos trastornos. Para ello utiliza mecanismos de adaptación y compensación que, mediante cadenas musculares, reflejos nerviosos, incluso procesos físico-químicos consiguen aliviar nuestros padecimientos. Sin embargo, tiene ciertas limitaciones, mejor dicho, no puede con todo. De este modo, por poner un ejemplo frecuente, una simple torcedura de tobillo sin revisar, probablemente deje de doler en dos o tres días y de suponer un problema en una semana, sin embargo, debido a las adaptaciones que realiza nuestro cuerpo, ese esguince se convertirá en permanente (aunque no duela) y provocará. con el tiempo, dolores de rodilla, de cadera, de espalda...

Desde el punto de vista de la osteopatía, todo en el cuerpo se mueve y posee movimiento, y además es necesario que se mueva con un rango y una calidad determinadas para que la salud no se resienta. Sin embargo, el cuerpo evita el dolor mediante bloqueos y limitaciones de movimiento, lo que a la larga, desemboca en una lesión.

Es en la edad adulta es cuando más frecuentemente se ponen de manifiesto dichos trastornos, porque el cuerpo ha ido adaptando nuestra postura y nuestras cadenas musculares a esa situación a lo largo de nuestra vida. Con Osteopatía trabajamos esos bloqueos, y esas adaptaciones para restaurar y restablecer las estructuras afectadas.

Nuestro objetivo es restaurar el movimiento y la movilidad bloqueadas utilizando técnicas de Osteopatía estructural, visceral o craneal, técnicas neuromusculares y en general técnicas manuales adaptadas a la estructura y edad de la persona en concreto.